Galería Agustín Barrios

Galería Agustín Barrios

Muestra Virtual Yresay

 
Como primera exposición virtual, tenemos el honor de presentar la muestra de fotografías de las artistas Teresita González Belén Rodríguez. Una propuesta sobre las condiciones de la contaminación en recursos hídricos y lo que deja a su paso.
 

Presentación de las Artistas

 

TERESITA GONZÁLEZ

 
Fotógrafa y Dra. Bioquímica; con su ensayo fotográfico “HOSPITAL DE CARIDAD” expuesto en el Museo del Barro (Asunción, 2008) ha querido concientizar sobre un tema muy importante y a veces olvidado: la salud. Parte del citado ensayo ha integrado la 10ª Muestra Latinoamericana de Fotografías y Documentales (Langreo, España) en el 2010.
En el 2016 su fotografía ha sido seleccionada por la Duncan Miller Gallery de Santa Monica (EE.UU) para integrar su colección de fotografías a ser ofrecida a coleccionistas de arte.
 
En el 2019 su obra “Plastic life” fue seleccionada en el Premio Henri Matisse que otorga la embajada de Francia en Paraguay.
 
Con dos muestras individuales y numerosas exposiciones colectivas sus fotos han sido exhibidas en Paraguay, Argentina, EE.UU y España. Ha brindado conferencias acerca de su trabajo en Wichita State University, Emporia State University, Washburn University, Lawrence Arts Center y en The University of Iowa (EE.UU).
 
Facebook: Teresita Noemi Gonzalez
Instagram: teresitagonzalezpy
https://comounahojaenelrio.blogspot.com/
 
 

BELÉN RODRÍGUEZ

 
Instaladora, escultora y fotógrafa, estudió Artes Visuales en el Instituto Superior de Arte “Dra. Olgan Blinder” de la Universidad Nacional de Asunción, y fue becada por un programa de intercambio en la Universidade Federal de Santa Maria – Brasil donde estudió escultura. Actualmente forma parte del colectivo de Artistas Taller de Moreno, y ha participado de exposiciones colectivas llegando a exponer en Argentina y Brasil. En 2019 gana el 2º premio del Matisse y en conjunto con el Taller de Moreno el premio Emergentes 2019.
 
Instagram: br_belenrodriguez
 

Testimonio de cada artista sobre la muestra

 

TERESITA GONZÁLEZ

 
El hombre es la única especie capaz de destruir su propia fuente de vida: EL AGUA. Con cada acción de contaminación se disminuye el acceso al agua potable.
 
La ignorancia del daño que producimos hace que a menudo escuchemos: “que le va a hacer una latita al rio?”, “pero si esta correntada llevara enseguida esta basurita”, y no nos damos cuenta que una basurita se suma a la otra hasta crear un verdadero basural, y hacer del agua un lugar inhabitable para peces y algas, fundamentales de la biodiversidad acuática.
 
La inconsciencia al realizar nuestras acciones, hace que arrojemos basura a un cauce de agua,  estando a solo unos metros de un basurero, o pudiendo “guardar” en alguna bolsa hasta llegar al basurero. No pensamos que una simple acción puede causar mucho daño.
 
La indolencia hace que muchas veces, veamos que alguien arroja una basura al agua, y no somos capaces de alertarle del daño que causa; o que conozcamos una fábrica que desecha su basura en el rio o cauce de agua y no denunciamos esta falta grave, a las leyes ambientales y a la vida misma.
 
Estas tres “i”, ignorancia, inconsciencia, e indolencia son los tres males que aquejan a nuestra sociedad, en todos los ámbitos y en todos los niveles, en todos los estratos sociales. Si esto no fuese cierto, no tendríamos el calamitoso estado de muchas de nuestras fuentes de agua potable en el Paraguay.
 
Esto me llevó a registrar desde el año 2009 las riveras de los ríos, arroyos y lagos fotografiando la basura que a los mismos son arrojadas. Y si se hace una lista es sorprendente la cantidad y variedad de objetos encontrados.
 
Me mueve el deseo de que al ser observadas por el público, las fotos de la basura en el agua y en sus orillas, las personas sientan una especie de shock visual y esto genere una conciencia del daño y contaminación que al agua produce y por ende a las personas, pues somos las primeras consumidoras de este líquido vital sin el cual no podríamos vivir.
 

BELÉN RODRÍGUEZ

 
Existe una cierta fascinación entre la fotografía y el tiempo, la captura de un instante queda como constancia de existencia, ciertamente Susang Sontan decía que “Todas las fotografías son memento mori”, porque al acto mismo de capturar la fotografía es la prueba ineludible de un instante anterior.
 
Ambas, Teresita y yo, fotografiamos el agua, elemento vital de la vida, pero podríamos decir, con lentes diferentes. Teresita fotografía, utilizando una jerga fotográfica, a una distancia focal el agua que corre, fluye, trae y lleva consigo los desechos pasajeros del ser humano, ella retrata la causa que contamina el agua, yo retrato los efectos, un primer plano en el agua quieta y estancada, a punto de secarse quedando a expensas de un final inevitable. 
 
Teresita fotografía el Río Paraguay, el rio contaminado por objetos de desecho, estos casi eternos plásticos que sobreviven en tiempo al ser humano.
 
Yo fotografío el Lago Ypacaraí, seco y distante del fluir de sus aguas, capturo peces en una irónica referencia a un acto simple, muertos estos fuera del agua, pescados en la cámara dejan la más notable constancia del memento mori.
 
La fotografía y el agua es el ente umbilical que nos une como espectadoras y partícipes de ese momento. 
 

Muestra 

TERESITA GONZALEZ

 

 

 

 

 

BELÉN RODRÍGUEZ

 
 
 
 

 

Comentario del Crítico

 

ESTÉTICA, ÉTICA, IMAGEN    

     
    La fotografía estuvo vinculada históricamente con el paisaje y  el retrato. El primero le permitió investigar diversos aspectos de la realidad, algunos desde iniciativas documentales, científicas, estéticas, entre otras. Del segundo queda toda una exploración especializada de la imagen que cubre menudos y complejos aspectos: estudios de la identidad, la historia, lo racial, lo psicológico, lo documental, lo artístico, entre tantos otros, dan cuenta de la importancia que fue ganando la imagen fotográfica como registro de los tiempos modernos y contemporáneos. En cualquiera de los casos, el origen decimonónico tecnológico de la fotografía sacudió, si no desbarató, la confianza extrema otorgada a la imagen tradicional, clásica: la pintura, recordemos, jugaba un papel estratégico y hegemónico, si cabe, en cuestiones de la representación de lo real. A la larga, la fotografía se sobrepone si consideramos que técnicamente la imagen fotográfica confirma ser el correlato, sin mediación, extraño y fiel de lo real.
 
    Yresay plantea desde la obra de Teresita González y Belén Rodríguez varios de estos aspectos, pero acentuando aquellos vinculados con problemas y situaciones socio-ambientales, epistemológicos y estéticos propios de nuestros días. Muy bien saben que es un lugar común la inquietud global con relación al futuro de la calidad ambiental, considerando el deterioro extendido de casi la totalidad del mundo natural. Mucho de los esfuerzos promoviendo la conciencia socio-histórica y ética apuntan a solidarizar la necesidad humana, la ciencia y la naturaleza; en tanto significativos sectores de la educación, la cultura y el arte trabajan estrategias que refinen y agudicen la  voluntad, la responsabilidad y la sensibilidad. 
 
    Esta es una muestra de caminos cruzados y coincidencias: la inquietud por el ambiente crítico y enrarecido por momentos de inconciencia, quizá colectiva, y  traducidos en flagrante agresión al medio, encuentra en la imagen fotográfica el lenguaje capaz de expresar ideas y sentimientos compartidos. El  momento estético, entonces, promueve una imagen en la que el agua, a veces quieta, a veces agitada, acusa la forma de la vitalidad amenazada, alterada, postergada; territorio extrañado por el detritus del consumo  exacerbado y una sensibilidad deteriorada.
 
    Si bien el tema, el contenido, es lo suficientemente crítico, sin embargo, la forma encuentra en la fuerza expresiva de la imagen fotográfica una belleza inquietante, aquella que satisface el entendimiento y la sensibilidad, poniendo fuera de registro al mero ejercicio de la mirada complaciente y superficial.
 
    Esta obra conjunta, y vale comentarlo, pone en escena, nos advierte, la histórica relación entre la fotografía y el registro del tiempo, aquel que queda detenido en la imagen, en la memoria, como antesala del poder insondable de la eternidad que sí puede burlar a la vitalidad de lo que, paradójicamente,  cambia eternamente.
                                                                   
Carlos Sosa
 
Abril de 2020 en Ypacaraí